Modo dedo. Fotopletismografía de contacto: el flash atraviesa la yema y la cámara registra cuánta luz absorbe la sangre en cada latido. Es la misma señal física que usa un pulsioxímetro. De ahí salen pulso, variabilidad (rMSSD), coherencia cardíaca y —a través de la arritmia sinusal respiratoria— el ritmo respiratorio.
Modo rostro. rPPG: el color de la piel cambia unas milésimas con cada latido y una cámara lo capta. Es más frágil (luz, movimiento) pero permite medir además la arquitectura postural: anchura de hombros, longitud de cuello, ladeo y avance de la cabeza. Requiere el móvil apoyado, no en la mano.
Canal táctil. La pantalla capacitiva es un sensor más. Del dedo apoyado salen tres cosas: el temblor fisiológico de 7–13 Hz, cuya amplitud sube con la activación simpática y es de los marcadores de tensión más antiguos que hay; la inquietud motora de baja frecuencia; y el área de contacto, que crece cuando la piel suda. Esa área es el único sustituto que un móvil puede ofrecer de la conductancia de la piel, y es un sustituto pobre: también crece si aprietas más. Cuando el aparato informa de la presión, la app descuenta por regresión la parte del área que explica la presión; cuando no la informa, el dato pesa menos. Y como el pulso también late contra el cristal, la pantalla da una segunda estimación del ritmo cardíaco: si coincide con la de la cámara, tienes dos sensores independientes de acuerdo.
Un canal mudo no puntúa. Si dejas el dedo totalmente inmóvil, el sistema operativo deja de emitir eventos y el temblor se leería como cero, es decir, como calma perfecta. Por eso la app mide cuántas muestras por segundo llegan y apaga el componente táctil por debajo de veinte: la ausencia de señal nunca se traduce en buena puntuación.
Límite honesto. Ni el rMSSD del móvil ni ningún índice de esta app son una medición clínica. Sirven para comparar tu estado de ahora con tu propia línea base, no para compararte con otra persona ni para diagnosticar nada. Cuando la señal no da, el número no se inventa: se apaga.
Sigue sin medirse la temperatura periférica, y la conductancia de la piel sólo de forma indirecta y grosera por el área de contacto. Para tenerlas de verdad hace falta un sensor; el índice está preparado para admitirlas como componentes extra.
Modo dedo. Tapa con la yema a la vez la lente trasera y el flash, sin apretar: la presión fuerte corta el riego y borra el pulso. Apoya el codo, respira normal y no hables. La imagen debe verse roja y uniforme.
Modo rostro. El móvil apoyado en algo, nunca en la mano. Encaja la cara en el óvalo: cuando está bien colocada, el óvalo pasa de ámbar discontinuo a verde continuo. Y la luz de frente: si tienes una ventana detrás, la cámara expone para el fondo, tu cara queda oscura y no hay pulso que sacar. La app te avisa con «contraluz» cuando ocurre.
Calibración (80 s). 60 s de respiración normal, que fijan tus valores de referencia, y 20 s con una guía visual a 5 respiraciones por minuto. Esa segunda parte no es decorativa: comprueba que la señal respiratoria responde de verdad (si la app detecta ~5 rpm mientras la guía marca 5, la medición está viva) y, en modo rostro, aprende en qué dirección se mueve tu torso al inhalar.
La almohadilla táctil. Durante la calibración y la medida aparece abajo una franja: apoya ahí un dedo y déjalo descansar, sin apretar y sin bloquearlo a propósito. En modo dedo lo natural es el índice tapando la cámara trasera y el pulgar en la pantalla. Si no llegas cómodamente, no pasa nada: el componente táctil se apaga solo y los demás se reparten su peso.
Puedes soltar sin perder nada. Si levantas el dedo o te sales del óvalo, la calibración se pausa y conserva lo que llevabas: la barra se pone a rayas y sigue en cuanto vuelva la señal. El tramo con el hueco se descarta del análisis en vez de rellenarlo con una línea inventada, que es lo que haría cualquier interpolación y lo que ensuciaría la medida entera.
La calibración se guarda. Una por modo. Al volver a abrir la app la recupera y puedes medir directamente, sin repetir los 80 s. Si pasa de un día te avisa de que conviene rehacerla. Y si una sesión se corta —se bloquea la pantalla, entra una llamada, cierras sin querer— al abrir de nuevo te ofrece recuperarla: se vuelca a disco cada diez segundos.
Todo es relativo a ti. Si cambias de sitio, de luz, de postura o de dedo, recalibra.
Privacidad. Ni un fotograma sale del teléfono ni se guarda. En tu navegador sólo quedan los números resumidos de cada sesión, y se borran desde el historial.
Instalación. Desde el navegador del móvil: «Añadir a pantalla de inicio». Funciona sin conexión.